martes, 7 de mayo de 2013

¿Cual será el futuro del cribado mamográfico?

Bueno, retomo el blog, espero que esta vez con la continuidad que no tuvo en la primera etapa. Han sido tiempos de zozobra en lo personal, también en lo profesional. Pero ese no es tema para el blog!

El tema elegido para esta primera entrada de la nueva etapa es... ¡el cribado mamográfico!

¿Y a que se debe la elección? pues principalmente a las muchas e importantes novedades aparecidas en el último año a propósito de este debate y que, en mi opinión, han dado un vuelco completo al debate, y suponen de hecho un fuerte golpe a la continuidad de estos programas.

Una de estas nuevas referencias ha sido motivo de una reseña que la Revista de Física Médica (publicación periódica de la Sociedad Española de Física Médica) me pidió elaborar y, dado que el trabajo se extendió más allá (muuuucho más allá de hecho) del espacio reservado, he creído oportuno colocar aquí todo ese material que no tuvo allí cabida por exceder el propósito de la reseña.

Aparte de mis personales aportes y puntos de vista, este post utiliza como referencia fundamental la revisión cochrane (en todas sus ediciones desde la primera del año 2000 hasta la actualizada de 2013, enlazada al final de esta primera entrega). Pero no es la única fuente. En la última entrada de la serie daré un repaso a las principales.

Vamos, ya, con ello...

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Primera parte: Un vistazo general

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¿Que es el cribado?
Si estás leyendo esta página, muy probablemente conoces la respuesta a esta pregunta y, más aun, sabes ya de la polémica asociada a esta práctica médica. Aun así, deja que dedique unas líneas a explicarla a aquellos lectores menos familiarizados.

El cribado diagnóstico, de cualquier tipo, consiste en la realización periódica de determinadas pruebas diagnósticas sobre una población, presumiblemente sana, con objeto de detectar una enfermedad determinada (generalmente algún tipo de cáncer, aunque existen campañas de cribado sobre otros tipos de enfermedades) antes de que dicha enfermedad se manifieste clínicamente, es decir, muestre sus síntomas, lo que generalmente se asocia a que la enfermedad se encuentra en un estado más avanzado.



Para confiar en que este cribado tenga un efecto beneficioso en la salud de la población, deberemos asumir ciertas hipótesis. Pero la hipótesis fundamental sobre la que una práctica así se sustenta es que una detección temprana de la enfermedad facilitará su manejo y tratamiento, que será así menos agresivo y más efectivo. Esta hipótesis suena tan atractiva y a la vez tan convincente que es difícil sustraerse a su encanto, pero podría no ser cierta, o, aun siendo cierta, llevar aparejadas contrapartidas muy costosas no solo en términos monetarios sino también en resultados clínicos. 

Pero ¿como podría resultar perjudicial realizar el cribado de una enfermedad?, ¿que efectos perjudiciales puede tener?. En el peor de los casos podemos imaginar que la detección precoz de la enfermedad no mejore la probabilidad de curación o la evolución, pero ¿un efecto negativo?. 

Cuando leemos alguna opinión contraria a las campañas de cribado es fácil caer en la tentación de pensar que tras esas críticas se esconde solo un análisis económico realizado por gente más preocupada por el dinero que por la salud de la población... (mire usted... ¡como si lo uno y lo otro fueran asuntos independientes!, por supuesto debe preocuparnos la eficiencia económica de las acciones de salud). Pero no, al analizar los pros y contras  del programa de cribado mamográfico no hablaremos, o al menos no especialmente, de dinero, pues, por desgracia, ese no es en este caso el problema más importante.

El cribado mamográfico

Entre los planes de cribado existentes el que cuenta con un mayor reconocimiento público y, hasta ahora, una mayor inversión ha sido, sin duda, el cribado de cáncer de mama por mamografía, o sencillamente, cribado mamográfico. Y ello a pesar de haber estado puesto en tela de juicio y haber suscitado una importante polémica entre expertos (básicamente entre radiólogos y oncólogos, los principales defensores del programa, y los epidemiólogos, críticos con este y otros programas similares).

El cribado mamográfico consiste en la realización periódica de una serie de exploraciones radiológicas de la mama sobre un determinado segmento de la población femenina sana. La periodicidad, la técnica de exploración y el segmento de población (población diana), varían de un programa a otro, y sigue existiendo cierto desacuerdo entre las autoridades sanitarias de los distintos países sobre cual es la configuración óptima, pero de forma general podemos decir que consiste en la exploración de ambos senos, con dos proyecciones radiológicas, cada dos o tres años y para mujeres entre 50 y 70 años.

La exploración se realiza empleando un equipamiento específico, conocido como mamógrafo, especialmente diseñado para facilitar la colocación del pecho en proximidad al sistema receptor de imagen y utilizando un haz de rayos X de baja energía (25-40 keV) lo que permite aumentar de forma significativa el contraste y la resolución de la imagen, haciendo detectables las pequeñas microlesiones (ligeramente más densas que el tejido sano circundante) indicativas de malignidad. Tradicionalmente, la imagen era capturada en una película radiográfica, similar a las empleadas en otras técnicas radiográficas pero con una mayor resolución, contraste y latitud (a fin de poder reflejar, en una sola exposición, toda la gama de grises producida por el espesor variable del seno causado por su natural forma) pero en la actualidad se imponen los sistemas digitales de tipo DR (direct radiography, para distinguirlos de CR, computed radiography, otro modo de imagen digital basados en fósforos fotoestimulables... suena divertido, esto) de alta resolución que si bien sobre el papel tienen algunas características superiores, no termina de estar claro si han supuesto una mejora sustancial en cuanto a la capacidad diagnóstica y la reducción de dosis. También habrá una entrada sobre este asunto de la comparación entre radiología convencional y digital.

La polémica

La polémica sobre el cribado mamográfico es asunto que viene de largo, casi desde el momento mismo en que los principales ensayos para dilucidar la utilidad de dichos programas fueron realizados entre los años 70 y 80. Esas primeras críticas se centraron en el riesgo carcinogénico de las dosis de radiación empleadas. La probabilidad de inducir un cáncer con dosis tan bajas como las empleadas en mamografía es realmente baja (aunque no lo era tanto en aquellos primeros programas, en los que el equipamiento no era óptimo y las dosis no tan bajas), si bien debemos tener en cuenta que esa dosis depende de la morfología (tamaño y densidad) de la mama, y para cierto grupo de mujeres puede resultar en una probabilidad no despreciable (una entrada de la serie estará dedicada al riesgo de cáncer radioinducido). 

En el último decenio del siglo pasado encontramos ya otras importantes críticas al cribado, basadas en lo que podemos llamar prejuicios clínicos, en el sentido de que tenían tras de sí poco más que importantes dosis de sentido común y dudas razonables sobre los ensayos realizados o en realización, pero no evidencias en su contra. 

Pero la verdadera tormenta contra los programas de cribado tienen como punto de arranque la revisión que la Cochrane publica en el año 2000

La Colaboración Cochrane es una organización sin ánimo de lucro que reúne a un grupo de investigadores de ciencias de la salud de más de 11.500 voluntarios en más de 90 países que aplican un riguroso y sistemático proceso de revisión de las intervenciones en salud.1 Recientemente también se han estudiado los resultados de estudios observacionales como las pruebas diagnósticas y cohortes. Los resultados de estas revisiones sistemáticas se publican en la Biblioteca Cochrane (extraído de Wikipedia).

En aquella primera revisión los autores analizaban, desde un punto de vista metodológico, la calidad de los siete ensayos considerados fundamentales para el establecimiento de los programas de cribado (y a los que dedicaré una entrada de la serie). Como resultado de este análisis cinco de esos siete ensayos debían ser rechazados por no cumplir los requerimientos científicos necesarios. Tras esta criba, los dos ensayos resultantes no mostraban evidencia alguna de una reducción en el número de muertes por cáncer de mama entre las poblaciones cribadas, a pesar del importante aumento en el número de mujeres diagnosticadas y tratadas. 

Hay que destacar que aquel primer informe se realizó a petición de las autoridades sanitarias suecas, que no terminaban de entender porqué, a pesar de lo que esos ensayos parecían afirmar, la mortalidad por cáncer de mama entre la población cribada en ese país no mostraba una reducción significativamente mayor que la observada en la población no cribada. 

La revisión Cochrane ha sido actualizada este mismo año (2013) y en dicha actualización, que incluye toda la evidencia disponible hasta la fecha, las conclusiones son aun menos favorables al cribado. Su lectura es obligada para cualquier interesado en este asunto. 

Riesgos y beneficios de los programas de cribado


Para valorar el impacto que el cribado tendrá en la salud de la persona que participa en el programa, deberá tenerse en cuenta la probabilidad de ocurrencia de cada una de las siguientes circunstancias:

  1. Que la enfermedad no sea diagnosticada por otros medios en el periodo de tiempo entre dos mamografías consecutivas (lo que se conoce como cáncer de intervalo). Esta probabilidad no es baja, y en un programa bienal para mujeres entre 50 y 69 años ronda el 50 % de los cánceres detectados. Es decir, la mitad de esos cánceres se habría detectado en cualquier caso, con o sin programa.
  2. Que una situación patológica realmente existente en el momento del diagnóstico sea eficazmente detectada (llamamos a esto un verdadero positivo, y al evento contrario, es decir que una lesión realmente presente pasara inadvertida lo llamamos un falso negativo). Esto se conoce como sensibilidad y la mamografía alcanza valores muy altos (aunque no del 100%). Es decir, nadie niega que la mamografía es capaz de detectar todos (casi todos, para ser exactos) los casos de cáncer realmente presentes en el momento de la prueba, incluso en estadios muy iniciales en los que las masas tumorales tienen tamaños ínfimos. Su altísima resolución, la gran experiencia de los profesionales que valoran las imágenes obtenidas y también que la imagen es en general analizada por al menos dos especialistas son responsables de esta alta sensibilidad.
  3. Que en caso de que el resultado de la prueba señale la existencia de una situación patológica esta lo sea verdaderamente (lo contrario significará un falso positivo). Se conoce esto como especificidad y también la mamografía alcanza valores altos, comparada con otras técnicas diagnósticas, si bien es cierto que para alcanzar valores próximos al ideal 100% se requiere (en hasta un 50% de los casos en un programa de 10 años CITAR) la colaboración de alguna otra técnica, generalmente  una segunda mamografía o una biopsia.
  4. Que esta detección anticipada signifique un alargamiento de la vida de la paciente (o, en caso de no producirse tal alargamiento, que al menos esa igual supervivencia se haya logrado con una mejora significativa de la calidad de vida). Pero este alargamiento no puede referirse al momento, anticipado, del diagnóstico (este sería un alargamiento aparente, que denominamos sesgo de anticipación ‘’lead time byas’’) sino respecto al momento en el que la muerte se hubiera producido de no haber sido detectada la enfermedad con esa anticipación.
  5. Que la enfermedad, detectada en un estadio inicial, remita de forma espontánea sin necesidad de la intervención que el cribado iniciará o bien progrese con tanta lentitud que no suponga ningún riesgo para la vida de la persona afectada. En tal caso el diagnóstico habrá sido innecesario y solo servirá para someter a tratamiento a una paciente que no lo hubiera necesitado nunca, es lo que conocemos como sobrediagnóstico.


¿HAY ENFERMEDAD PRESENTE?

SI
NO
DIAGNÓSTICO
ENFERMEDAD PRESENTE
VERDADERO POSITIVO
FALSO
POSITIVO
ENFERMEDAD NO PRESENTE
FALSO
NEGATIVO
VERDADERO NEGATIVO
Tabla: Los cuatro posibles resultados (dos modos de acierto, dos modos de error) que podemos obtener al aplicar un test diagnóstico a un paciente.

De estos cinco objetos de valoración ningún lector tendrá problemas con aceptar la pertinencia de los cuatro primeros, con los cuales estará familiarizado. 

Aceptará como normal  que el riesgo del cáncer de intervalo sea tan alto, tratándose de intervenciones diagnósticas puntuales separadas entre dos y tres años, e incluso podría defender una mayor frecuencia para reducir, en la medida de lo posible esta eventualidad. 

Se sentirá el lector satisfecho con la alta sensibilidad de la mamografía, aunque un segundo análisis le hará comprender que una alta sensibilidad estará, muy probablemente, relacionada con una baja especificidad. 

Y por supuesto estaremos de acuerdo en que si tal alargamiento de la vida no se produjera, o no se redujera al menos la morbilidad asociada al tratamiento, entonces el cribado debería desecharse.

Todos o casi todos estos aspectos negativos han sido criticados y rebatidos por cada uno de los bandos en liza (el tono de la polémica no permite expresarlo de otro modo), y han sido incluidos en todos o casi todos los panfletos de propaganda de los diferentes programas nacionales (una durísima crítica a estos panfletos ha sido realizada por los autores de la revisión Cochrane, que han elaborado, y traducido a varios idiomas, su propia propuesta, cuya portada muestra la figura, más acorde a la evidencia disponible). 
Las críticas al cribado han incidido, tradicionalmente, en su baja eficacia para reducir la mortalidad por cáncer de mama, el alto consumo de recursos que implica (lo cual, sin pecar de monetaristas, no puede ser ignorado), las molestias ocasionadas a pacientes virtualmente sanas (dolor en la exploración, ansiedad por los resultados, etc), e incluso un pequeño, pero no insignificante, riesgo de cáncer radioinducido a causa de la exploración. 

Se critica también la alta tasa de falsos positivos, que somete a las mujeres que lo sufren a un importante estrés, y la falsa sensación de seguridad que el ser cribadas da a estas mujeres, que pueden por ello desatender los hábitos saludables. 

Se critica que, con sus mensajes alentadores, los programas de cribado transmiten la idea, si no falsa al menos no del todo cierta, de que el cáncer es una enfermedad curable si es detectada a tiempo. 

Incluso se reconoce, de forma general, como un déficit de los programas, la alta proporción de cáncer de intervalo, que les resta efectividad y credibilidad.
Ahora bien, si frente a la oportunidad de salvar algunas vidas gracias al cribado (sean estas muchas o muchísimas, la opción pocas no se contempla aun cuando está más cerca de la realidad de lo que cualquiera esperaría), oponemos una ligera molestia durante la exploración, un poco de ansiedad para algunas de las mujeres, algún puñado de falsos positivos (con la consiguiente repetición del estudio y una dosis adicional de ansiedad), una posibilidad ínfima de cáncer radioinducido y un puñado de dólares… ¿quién se atreverá a poner en duda la continuidad de tales programas?. A los entusiastas del cribado todos estas pegas les parecen un asunto menor, comparado con el tremendo beneficio esperado. Y seguramente lo son (o lo serían si el beneficio fuera tan tremendo).
Pero ¿y esa quinta eventualidad de nuestra lista?, ¿realmente puede esa patología, detectada por el cribado, remitir sin tratamiento o progresar tan lentamente que no llegue nunca a poner en riesgo la salud de la persona afectada? Si esta eventualidad ocurriera, es decir,  si la enfermedad que el cribado ha detectado, dejada a su libre evolución, hubiese remitido espontáneamente o simplemente nunca hubiera llegado a evolucionar a lo largo de la vida de la persona diagnosticada, entonces estaríamos ante lo que conocemos como sobrediagnóstico, y todas las acciones terapéuticas iniciadas por este resultado no serían sino sobretratamiento y no tendrían ningún efecto beneficioso en la salud de la persona afectada pero sí todos los efectos perniciosos. Esta posibilidad puede parecer extraña al público general o no especializado, dada la visión que tenemos del cáncer como una enfermedad inexorable que tarde o temprano, aun partiendo de una etapa latente, terminará por poner en serio riesgo la vida de la persona enferma, si no termina, lamentablemente, venciéndola, pero no lo es. De hecho el sobrediagnóstico ocurre y, a tenor de los últimos datos publicados, ocurre en una proporción tan importante que hace muy difícil seguir defendiendo la continuidad de los programas. El sobrediagnóstico es un daño colateral de cualquier técnica diagnóstica, pues la clasificación como patológica de una situación, aun siendo acertada utilizando nuestro criterio diagnóstico, no significará necesariamente en todos los casos la aparición de la enfermedad a lo largo de la vida de la persona a la que se le diagnosticó. Y no debe confundirse con un falso positivo, dado que este representa un tipo de error que puede reducirse sin más que repetir la exploración, o acompañarla de otras técnicas diagnósticas que, con gran probabilidad, acabarán por identificar y corregir dicho error (con un coste económico y en ansiedad que no nos detendremos a discutir, asumiendo que es aceptable en cualquier caso). 

El sobrediagnóstico en el cribado mamográfico está principalmente asociado al diagnóstico de carcinoma ductal in situ (CDIS). Esta patología no tiene efecto sobre la salud de la persona afectada en un porcentaje considerable de casos (hasta en un 75% de casos según algunas estimaciones) pero, una vez diagnosticada y dado que es imposible saber a priori si el caso evolucionará o no, pone en marcha toda la maquinaria terapéutica disponible: cirugía (generalmente mastectomía por tratarse de una enfermedad no localizada (en algunas épocas y regiones, incluso mastectomía bilateral, pues se asume generalmente que la enfermedad, tarde o temprano, aparecerá también en la mama hoy libre de afectación), radioterapia, y esto son ya palabras mayores, pues como sabemos tiene importantes efectos adversos y para el caso de la irradiación de mama implica un ligero incremento del riesgo de muerte (un trabajo reciente estima cuantas muertes cabe esperar a consecuencia del sobretratamiento) e incluso quimioterapia. Pero el sobrediagnóstico y sobretratamiento no solo afecta al CDIS, también es posible observar cierto grado de remisión espontánea o latencia asintomática en el caso de cáncer invasivo.
También en los últimos años han aparecido las revisiones oficiales de toda la evidencia a favor del cribado por parte de organismos estatales responsables de los programas. En el año 2009 la del U.S. Preventive Services Task Force, también en 2009 la de The Canadian Task Force on Preventive Health Care y en 2012 la de The Independent UK Panel on Breast Cancer Screening, promovido por el Department of Health. Aunque sus conclusiones se mantienen favorables a la continuidad de los programas (eso sí, definitivamente reconocen como no justificado el cribado para mujeres menores de 50 años), aparecen en estos informes (más en el canadiense que en el estadounidense y más en este que en el inglés) signos de un relativo alejamiento de esa defensa radical que dominó el debate durante el final del pasado siglo. En el primero de estos informes se reconoce ya que algunos especialistas consideran el diagnóstico y tratamiento del carcinoma ductal in situ (DCIS por sus siglas en inglés) una consecuencia adversa del cribado, que esta patología implica tasas de intervención muy altas (44% de mastectomías, y hasta el 30% con lumpectomía o radiación), y que solo el 6% de la población conoce este hecho (lo cual es ya mucho, si tenemos en cuenta que ninguno de los panfletos de los programas lo menciona siquiera, vulnerando con ello principios elementales sobre consentimiento informado, ni siquiera el del NHS inglés, publicado el pasado año). 

En la última de esas revisiones, la inglesa, se realiza una valoración de la probabilidad de sobrediagnóstico, si bien los valores finalmente asumidos se encuentran muy por debajo de los que suministran la mayoría de análisis (entre un 15 y 40%, llegando en algunos estudios hasta el 60%, referido al total de cánceres detectados por el cribado). Con tales números es obvio que el sobrediagnóstico es un asunto que debe ser considerado muy seriamente, como prueba el que importantes revistas especializadas hayan puesto en marcha proyectos específicos relacionados con este problema y que en septiembre de 2013 tendrá lugar una conferencia científica internacional. Pero ocurre que, tanto defensores como detractores, durante mucho tiempo, salvo honrosas excepciones, han pasado de puntillas, en el mejor de los casos, sobre este asunto, que debería considerase el riesgo más importante de los programas de cribado y el que más dudas arroja sobre su utilidad y continuidad. 
Mi discurso hasta ahora puede parecer confuso. Lo es intencionadamente, pues tal ha sido la situación del debate en los treinta años que han pasado desde que comenzaron los primeros programas. Es prácticamente imposible seguir cada publicación, cada nuevo dato, y estos son citados y recitados, revisados, corregidos en uno u otro sentido. Al final la sensación de cualquier puede ser la de que es muy difícil resolver objetivamente este debate, pues para ello sería necesario realizar un gigantesco ensayo en el que se pudiera valorar el impacto poblacional del programa en la incidencia y curación por estadios y edades, implicando generaciones para evaluar a lo largo de la vida de las mujeres cribadas y para ello serían necesarios al menos treinta años. Pero resulta que discutiendo y discutiendo, ¡ya han pasado esos treinta años! Y tenemos, no un ensayo, sino el experimento completo, pues los programas fueron implantados y auspiciados por los gobiernos de países bien dotados de recursos, de forma que cientos de miles, millones de mujeres, han sido cribadas durante largos periodos de tiempo. 

Veremos que nos dicen los resultados de ese enorme experimento... pero lo veremos en el próximo post.



martes, 19 de abril de 2011

Algunas fotos de la jornada EBT

Bueno, aquí van algunas fotos de la jornada sobre dosimetría con radiocrómica.

Si alguno de los fotografiados tiene problema en aparecer en estas imágenes, solo tendrá que mandar un correo electrónico al autor.

En primer lugar, las señoras y señores asistentes. Mirad, que atentos están. Para que luego digan que los físicos somos gente despistada.
















Ponencia 1: Damián Guirado (H.U.San Cecilio, Granada)





















Ponencia 2: Fraçoise Lliso (H.U. La Fe, Valencia)




















Ponencia 3: César Rodríguez (Hosp. de Fuenlabrada, Madrid)




















Ponencia 4: Gregorio Arregui (ONCOSUR/CROASA, Granada)




















Ponencia 5: José Carlos Ramírez (H.U. Virgen de la Victoria, Málaga)





















Ponencia 6: Lluis Escudé (Clínica Teknon, Barcelona)




















Ponencia 7: Alejandro García (H.U. Lozano Blesa, Zaragoza)




Gracias a todos, de nuevo, por vuestra participación.


domingo, 17 de abril de 2011

Tortura china

Bueno, lo digo para que nadie se llame a engaño: alonsista convencido... pero me gustan las carreras lo suficiente para disfrutar del trabajo bien hecho de un ingeniero o un mecánico, o cualquier otro piloto.

No pude hacer una entrada en la carrera inaugural en Australia en la que hubiera cantado, sin pudor, las alabanzas al trabajo de Adrian Neway, en contra de la opinión, muy extendida, de que los RBR tienen un alerón ilegal. Ni pude llamar a este borrador ''agonía malaya'', como estaba previsto. Pero es que aunque avisé que este blog también hablaría de F1, lo cierto es que entre los japoneses con sus nucleares y los radiofísicos con sus reuniones frikis, no tiene uno tiempo de ''ná''.

Así que vamos a empezar el lío con este GP de China, que ''mardita la grasia'' por más flamenco que aprendan. Y aviso, esto tendrá un toque de humor que es lo único que no nos pueden quitar a los pobres.

Una vez más, me parece excelente que Massa compita contra el asturiano, y el emparejamiento de la salida creo que deja bien claro que este no debe esperar regalos que por otra parte no necesita. Esperemos que este año Felipe no repita las rabietas que tantos quebraderos de cabeza provocaron a su equipo y acepte, más allá de los lances, la superioridad cuando esta se manifieste. Hoy, al contrario que en Malasia, Fernando hizo, con igual estrategia, peor carrera que Massa, que tampoco estuvo brillante, pero es que este ferrari no está para brillar, y mucho me temo que no lo estará en Turquía. Si, como dicen por ahí, el problema es de tunel de viento, este año se va a ir a tomar el idem, porque difícilmente se resuelve eso en un par de noches.

Los RB han demostrado de nuevo su superioridad, pero esta vez los Mclaren no solo han mantenido el tipo, sino que han vencido, con un Hamilton que ha aprovechado la estrategia acertada de su equipo (supongo que estará pensando: ''veis, con estos de Mc hay que tener mano dura y darles unos ''azoticos'' verbales para que espabilen'', lo digo por sus quejas en Malasia). Es cierto que la remontada ha sido cosa de Webber, pero mirando tiempos, y con igual estrategia, el australiano solo pudo recuperar una diferencia que no llegó nunca, antes de que comenzara el lío estratégico) a más de 15'' (hablo de memoria) respecto a Button, y acabó a 7'' de Ham, que en ningún momento estuvo (repito, antes de la primera parada) a más de 12. Así que, un promedio de... 10'' en 56 vueltas, unas 150 milésimas por vuelta. Bueno, están ahí, pero no son insalvables. Alonso terminó a 23 de Webber, que empezó con una diferencia de 10 segundos, lo que es más de medio segundo por vuelta, de promedio, en buena parte, es cierto, culpa de la estrategia.

Comparemos con Vettel... 25'', más de 4 décimas por vuelta. Creo que a tres paradas, Vettel habría vencido sin muchos problemas. A Felipe le sacó 10'', y esto es lo que me rompe los esquemas. En el promedio hasta la fecha, con clasificación y carreras, y descontando los problemas mecánicos, Alonso ha venido siendo entre 2 y 4 décimas más rápido que el brasileño, en promedio. Y de pronto ocurre esto, y Alonso dice: ''ningún problema, fuimos lentos toda la carrera''... Sí, Fernando, pero unos fueron más lentos que otros, joeeer... Como con la muerte de JFK, creo que nunca sabremos realmente que pasó en China 2011... ah, no, que lo de la muerte de JFK ya sí lo sabemos. Habrá que esperar otros 30 años.

Por lo pronto, solo nos queda ir disfrutando de la lucha entre Mclaren, esa maquinaria de hacer bólidos vencedores, y el genio y la experiencia de Mr. Newey. Ya se sabe, la F1, esa fiesta de ingleses y para ingleses en el que unos italianos cabezones y un asturiano (la tozudez, por tanto, se le supone) se empeñarán, estoy seguro, en colarse para beberse el champán y ligarse a las ''chatis''...

Ese sí es el deporte preferido de los latinos: fastidiar a los ''gentlemans''.

Voy a analizar los tiempos de carrera y a graficarlos para incluirlos en esta entrada. Espero tenerlos esta tarde.

actualizado a 20 de abril

Los gráficos. Tengo que aclarar que los tiempos de la primera vuelta están redondeados a segundo pues la FIA los suministra desde la apertura del pit para la formación de parrilla, así que los gráficos deben verse de forma relativa, es decir, como evoluciones, no absolutas, pues las diferencias absolutas pueden incluir un error de casi un segundo, por ejemplo, la diferencia final real entre Massa y Alonso fue de 14.8s mientras en mi gráfico esta diferencia es de 14.1 y esas 7 décimas deben sumarse a todo el gráfico, pero la diferencia entre Schumi y Alonso fue de 0.4s pero en mi gráfico es de 0.8, de nuevo es necesaria una corrección que no cambia el comportamiento global).

El primero, la diferencia Massa-Alonso y Schumacher-Alonso. Se muestra como el ritmo de ambos ferraris fue idéntico hasta que Alonso alcanzó a Schumi. A partir de ahí, el ritmo de Alonso decae hasta las últimas 8 vueltas, y esto es lo más sorprendente de la carrera china (los saltos bruscos corresponden a las entradas en pit, y se ve como la diferencia Alonso-Massa ''salta'' de menos de 1 a 4 segundos)


Comparamos en la segunda las diferencia Massa-Alonso con las diferencias Webber-Vettel.












con la diferencia Rosber-Schumi (ambos hicieron su último pit en la misma vuelta pues la diferencia en ese momento, 30'', lo permitía). Nico muestra un rendimiento similar al de Alonso respecto a su compañero. 



y por último, con la diferencia entre Button-Hamilton. Jenson anduvo muy igualado con Ham toda la carrera, salvo el último cuarto.

domingo, 10 de abril de 2011

Jornada sobre dosimetría con película radiocrómica

Bien, ya pasó. Han sido días de trabajo y tensión, deseando que todo saliera lo mejor posible, y creo que hoy podemos sentirnos satisfechos. Creo que esta jornada sobre dosimetría con película radiocrómica, organizada por el Hospital Universitario San Cecilio, de Granada y realizada en el Departamento de Física Atómica, Molecular y Nuclear de la Universidad de Granada, con la colaboración de la Sociedad Andaluza de Radiofísica Hospitalaria, puede considerarse un éxito y ha cumplido sus objetivos.

La jornada recibió una buena acogida por los profesionales, que procedentes desde toda la geografía del país completaron las 40 plazas disponibles. Siete ponentes, de otros tantos hospitales, expusieron sus experiencias con la película EBT2: Damián Guirado (H.U.San Cecilio de Granada, Françoise Lliso, del H.U. La Fe de Valencia, César Rodríguez, del Hospital de Fuenlabrada, Madrid, Gregorio Arregui, de ONCOSUR, Granada, José Carlos Ramírez, del H.U. Virgen de la Victoria de Málaga, Lluis Escudé, de la Clínica Teknon de Barcelona y Alejandro García, del H.U. de Zaragoza.

Sus ponencias, que pronto estarán disponibles en la página web de la S.A.R.H. (junto con los vídeos), permitieron a todos los asistentes adquirir una perspectiva general del estado actual de esta técnica dosimétrica y de los problemas prácticos y limitaciones que su uso conlleva.

La jornada pudo finalmente retransmitirse en la web, a través de la página de ustream y la retransmisión fue seguida por 19 compañeros, diez de los cuales participaron en el chat formulando preguntas. Si bien la imagen de video no tiene una alta calidad (por limitaciones técnicas, principalmente) el sonido se registró con calidad suficiente para seguir las ponencias. Esta primera experiencia de difusión nos anima a continuar en ese camino y proponer la puesta en marcha de una iniciativa docente más ambiciosa, que se plasmaría en una red de formación virtual de radiofísica hospitalaria, soportada por aquellos centros que deseen participar.

Tengo que agradecer a todos los asistentes, presenciales y virtuales, su participación y su activa colaboración. Espero que, como yo, todos guarden un buen sabor de boca de esta jornada y se hayan ido con la sensación de haber participado en una iniciativa interesante que significará un punto de inflexión en la forma en que estos eventos se desarrollarán en el futuro.

Pronto colocaré aquí el resumen oficial de la jornada.

viernes, 1 de abril de 2011

Brings the boys back home


Un flasback. Febrero de 1980. 8º de EGB. Preparamos la obra de teatro anual con la que el colegio recauda fondos para financiar el viaje de estudios. Estar en el grupo que organiza o protagoniza el evento nos permite librarnos de clases para ir a la discoteca donde se estrenará a hacer los preparativos... la cosa promete: cigarrillos, amiguetes y música. Gracias a mi hermano y mi cuñado, la música se ha convertido, desde el verano anterior, en parte fundamental de mi ocio (que, por otra parte, es el 90% de mi tiempo en esos momentos, y no soy capaz de recordar a que dedicaba el otro 10%). El hijo del dueño de la discoteca es colega y nos permite pinchar lo que queramos. Allí, entre cientos de discos incunables, y casi recién llegado a nuestro pueblo, hay un disco con una portada muy curiosa: un muro blanco en el que puede leerse, sencillamente,

Pink
Floyd
The 
Wall 

Fue mi primer descubrimiento musical autógeno... y sigo recurriendo a su sonido inquietante cuando necesito un poco de aislamiento ensimismado.

31 años después, tengo al fin la oportunidad de escucharlo en directo. Pink Floyd ya no es Pink Floyd, y mi ocio ya no ocupa el 90% de mi tiempo (a pesar de que lo intento desesperadamente), pero Roger Waters sí sigue siendo Roger Waters (a dios gracias) y su perseverancia nos reconcilia con lo mejor que se nos quedó en el camino.

Así que un día del pasado diciembre, y presa de un más que insano envenenamiento etílico, en plena fiesta de cumpleaños de una buena amiga, tiro de internet y visa y compro catorce entradas para otros tantos valientes. El niño atormentado por maestros, madres, mujeres y drogas, que cuenta ya más de 65 tacos, dará en Madrid dos conciertos, y en uno estaré yo (seguramente habrá más gente, pero a mi lo que me importa es que, esta vez, estaré yo, otra vez con amigos y tabaco).

El pasado viernes se cumplió la exigencia y los chicos volvieron a casa, y volvieron de forma triunfante.


El palacio de deportes se llena poco a poco, es la hora, unos minutos de retraso. Suena la megafonía: vamos a empezar. El señor Waters quiere decirnos que está autorizado hacer fotos (mierda, no traje la cámara haciendo caso a las instrucciones de la entrada. Gracias a dios, mi amiga Conchi lleva la suya y voy a machacársela). Esto es una buena forma de hacer amigos (pienso).


Un preludio suave de trompeta da paso a fuegos artificiales con In the flesh?. Después sobrevuela nuestras cabezas un avión en picado que se estrella envuelto en llamas contra el omnipresente muro.

El muro crece, y poco a poco aísla del mundo al músico. Su música no, su música sigue inundando un pabellón de deportes que me sorprende con una acústica magnífica, que no desmerece la calidad visual y sonora del espectáculo. Porque lo mejor, lo mejor de todas esa noche (aparte de la compañía y las miradas cómplices de los amigos y de Lola, que me confirman que sienten como yo el momento), lo mejor, digo, es la impresionante calidad musical y la perfección del sonido. Todo está perfectamente sincronizado, los intérpretes son virtuosos discretos y humildes. La mezcla es exacta, precisa, ninguna estridencia, ningún rumor indigesto en los oídos. El LP del concierto de Berlín (con algunas bajas significativas, que no se echan demasiado de menos) se despliega ante nosotros con precisión, en directo. Mejor incluso, más espontáneo, menos barroco. Alucinante.


Después de un poco de hielo, al fin el primer ladrillo del muro: Daddy, what you leave behind for me?


Y sin solución (de continuidad), los días más felices de nuestra vida.


Aparece en escena el monstruoso profe con su fusta, el segundo ladrillo, y un coro de niños canta... we don't need no education... taaaan, tachaan, taaaan ta-taaaa-tam... ey, teacher, leave the kids alone!!! el profe se acojona y se va. Adios.


Ahora RW se centra en su hiperprotectora madre, tal como la trajo al mundo (es decir, como la cantó por primera vez en directo, el solo, con su acústica). Se proyecta en la pantalla y el muro, en un monocromo radical su imagen juvenil en aquel concierto, haciéndole el acompañamiento perfecto.
Unos bombarderos amenazantes descargan su mortífera carga de símbolos: cruces, medias lunas, estrellas de David, hoces y martillos, dólares, conchas de shell... ruina, y claro, al bueno de Roger ''need a dirty woman''.



Un inquietante rostro de mujer llora en el muro lágrimas rojas y verdes mientras suena don't leave me now.  El sonido estalla.

Tercer ladrillo. I dont need no drugs to calm me. El muro se está cerrando.




Goodbye cruel word, canta Rogers asomado al último hueco de su muro. Es el intermedio, pero nadie se mueve. Todos miran pasmados a la blanca pared. Algún guiño, un beso, un apretón de manos... Se proyectan imágenes y fichas de muertos y desaparecidos en guerras declaradas o no. 






Reaparece con Hey You (Together we stand, divided we fall). Melódica, redonda, suena mejor que en disco. Impresionante.


Sí, Rogers, estamos aquí afuera, al otro lado de tu muro. Algunos huecos en el muro a media altura nos dejan ver a los guitarras.













Ahora, abajo, un hueco algo mayor nos muestra a Waters en su triste habitación. Nadie en casa.


En el muro se proyecta ahora una escena real de un documental que nos muestra a una niña emocionada cuando en su clase entra un soldado que resulta ser su padre: Bring the Boys Back Home. El sonido se vuelve filarmónico, grandilocuente, casi marcial.












Y de ahí al sonido melodioso e indolente de comfortably numb. No es Van Morrison (como en Berlín) pero ni falta que hace. Canta Waters desde el suelo y desde lo alto del muro la réplica de la segunda voz y el guitarra. El muro se retuerce en una espiral lenta y vertiginosa. Se oscurece. Suena In the flesh. 














jueves, 24 de marzo de 2011

Energía no_clear (capítulo 2)

Acceder a tener una opinión bien fundamentada de cualquier asunto requiere un esfuerzo. Por desgracia, la información, por sí sola, ni aun siendo exacta, es suficiente.

En este post y en los que seguirán, intentaré realizar una introducción, espero que comprensible (aunque no garantizo que sea sencilla), a los riesgos asociados al uso de las radiaciones ionizantes. Es un asunto de cierta complejidad, aunque mucha menos que la de cualquier asunto relacionado con el carácter y el comportamiento humano, pues puede, en definitiva, ser asimilado con unos conocimientos matemáticos elementales, un poco de cultura general y algo de activa cooperación, lo que no ocurre, por desgracia, con los asuntos del espíritu.

Radiación es cualquier propagación de energía en el espacio, en forma de ondas electromagnéticas o partículas subatómicas. La radiación solar, las ondas de radio y televisión, las de telefonía móvil, la energía del microondas, todas ellas son formas de radiación. También es radiación lo que conocemos como radiación ionizante. La diferencia entre esta y las anteriores es, como su nombre indica, la capacidad que tienen estas últimas para producir ionizaciones en las moléculas y átomos de la materia sobre la que inciden. Si nos centramos, por ejemplo, en las radiaciones electromagnéticas, los fotones, veremos que por encima de una energía dada, que es del orden de la que tiene la radiación ultravioleta procedente del sol, la radiación es ya capaz de ionizar.

Lo primero que necesitaremos es adquirir algunos conocimientos elementales sobre el efecto que la radiación ionizante tiene sobre la célula.

¿Porqué es importante el hecho de que una determinada radiación sea capaz de ionizar?. Pues, desde la perspectiva del efecto biológico, la ionización del medio celular (que es principalmente la ionización de la molécula de agua) inicia una serie de cambios químicos en la célula que tendrán, como consecuencia inmediata, la producción de un número importante de radicales libres muy reactivos químicamente. Estos radicales viajan en el interior de la célula y pueden alcanzar y dañar la estructura molecular de elementos muy importantes, pero no vitales, de la célula. Pero existe la posibilidad de que estos radicales alcancen la molécula más importante de la célula: el ADN. Y esta probabilidad no es pequeña, dado que el ADN constituye, aproximadamente, el 4% de la masa celular.

En el cuadro se muestran los efectos producidos por una dosis
de 1000 mSv de rayos X o gamma.
Pero entonces, dado que existe una importante presencia de radiación ionizante en la naturaleza (desde que se creo el mundo, mucho antes de que los hombres descubrieramos las formas de producirlas a finales del siglo diecinueve, y antes de las centrales nucleares) ¿como podemos sobrevivir a las lesiones que estas radiaciones producen en nuestras células?. ''Amiiiigo miiio'' (que diría Denzel Washintong como Frank Lukas en ''american gangster''), esta es una pregunta importante. Para responderla, el lector perspicaz y cultivado podrá recordar que existen en este mundo organismos vivos que habitan en ambientes extremos y que se han adaptado a extraer el sustento de elementos químicos que son venenos letales para otros organismos. El oxígeno, que es para la inmensa mayoría de los seres vivientes un elemento vital, no estaba inicialmente presente en la naturaleza. En aquel entonces, habitaban la tierra otros tipos de formas vivas, para las cuales el oxígeno no solo no era vital, sino que era venenoso. ¿Cuando se desarrollaron formas de vida dependientes del oxígeno?, pues cuando hubo oxígeno disponible y utilizable.

Es decir, la vida es un milagro, no en el sentido ramplón que le dan los espíritus sensibleros, ¡un milagro que te cagas!... La célula tiene una capacidad de adaptación increíble, y estando, como está, sometida al ataque de muchos agentes perniciosos (entre los cuales la radiación es uno más, uno muy importante, pero uno más) no ha tenido más remedio que dedicar gran parte de su esfuerzo a desarrollar mecanismos defensivos.

Los mecanismos de reparación del daño al ADN son aun hoy uno de los campos de investigación más activos, y cada año se descubren nuevos, más sutiles y sofisticados. El ADN está diseñado para ser reparado, esa es la clave de la supervivencia. La célula debe reproducirse y para ello requiere manipular, romper y recomponer su ADN. En todo este proceso, la integridad de esa molécula es una garantía de éxito, por lo que la célula dedica mucha energía en analizar su estado y recomponerlo cuando es necesario.

Así, la mayor parte del daño al ADN producido por la radiación es reparado de forma casi inmediata, antes de que el mismo pueda tener consecuencias biológicas, es decir, antes de que ese material sea requerido para el proceso de duplicación celular. Solo lesiones muy complejas y severas del ADN serán mal reparadas, o sencillamente no serán reparadas en absoluto. Este tipo de daño no es frecuente. Algunos tipos de radiación (por ejemplo los fotones y los electrones) no pueden producirlo en un solo impacto pues liberan cantidades pequeñas de energía en cada colisión (es lo que llamamos radiación de baja transferencia de energía, o baja LET). Requieren la acción simultánea de varios impactos, lo cual es muy improbable dado que la lesión producida por una primera interacción es rápidamente reparada de forma eficaz antes de que se produzca un segundo en esa misma región. Por contra, algunos tipos de partículas son capaces de producir ese tipo de lesión en una única interacción pues depositan grandes cantidades de energía en cada interacción. Se trata de las partículas de alta LET (por ejemplo, neutrones, partículas alfa y otros iones). Por eso, una misma cantidad de energía depositada por un tipo u otro de partícula, tendrá distinta eficacia en la producción de un daño biológico (insistiremos sobre esto en un próximo post).

Porque ¿a que efectos celulares puede dar lugar la lesión del ADN si no fuera reparado eficazmente?. Pues básicamente dos serán los efectos.

El primero es que el ADN dañado no supere los controles del ciclo celular y la célula no pueda reproducirse, lo que significa la muerte de la célula, muerte celular que puede producirse por varias vías. Como es fácil imaginar, en un organismo complejo formado por miles de millones de células, la muerte de una célula no tendrá repercusión alguna pues la célula será reemplazada en su función por una célula equivalente. Solo la exposición a cantidades de radiación muy elevadas, que producirán una cantidad importante de muerte celular, las células muertas no podrán ser reemplazadas de forma eficaz, produciéndose un fallo funcional en el organismo, fallo que, si es severo, puede producir la muerte del organismo o daños orgánicos de graves consecuencias. La muerte de una sola célula, o un número pequeño de ellas, es un evento probabilístico, es decir, es imposible determinar que cantidad de radiación es necesaria para producirla. Pero la muerte de un número dado y muy grande de células solo ocurrirá si la cantidad de radiación supera una cantidad mínima o umbral. Por debajo de ese umbral la proporción de células muertas no será suficiente para producir el daño orgánico y no tendrá consecuencias observables. El tejido sustituirá esas células muertas y el organismo sobrevivirá sin consecuencias. Por ello llamamos a este tipo de efectos de la radiación efectos deterministas. Solo ocurren cuando se recibe una cantidad de radiación superior al umbral y, generalmente, su gravedad aumenta cuando la cantidad de radiación aumenta.

Antes de hablar sobre el segundo tipo de efecto radioinducido, debemos hacer un inciso sobre el primero. Existe una situación en la que la muerte de unas pocas células, que puede ocurrir a dosis moderadas y bajas, puede tener consecuencias graves. Se trata de la irradiación de embriones inmaduros, en sus fase iniciales, incluida la organogénesis y el periodo fetal temprano. En ese caso la muerte de unas pocas células puede producir la muerte del embrión o la aparición de malformaciones o deficiencias de desarrollo (físico o intelectual). Cuando el embrión ha madurado, después de la decimosexta semana de embarazo (que podríamos ampliar hasta la semana 25, si bien entre las semanas 16 y 25 el riesgo es mucho menor), el organismo se encuentra formado (incluido el sistema nervioso central) y la muerte de unas pocas células no tiene consecuencias distintas que para el organismo adulto (dedicaremos un post a este asunto de las malformaciones, que es una de las leyendas negras más importantes de todo este debate).

El segundo tipo de efecto es más inquietante. En ocasiones, la lesión del ADN de una célula puede ser incorrectamente reparada y, aun así, no ser detectada por los controles celulares y por tanto, ser compatible con la supervivencia celular. Hablamos entonces de una mutación celular. Son muchos los agentes que producen mutaciones del ADN, y muchas las mutaciones que sufre cada una de nuestras células a lo largo de la vida. la mayoría de ellas afectan a la codificación de proteínas poco importantes. La célula deja de codificar una proteína pero esta pérdida no tiene consecuencias orgánicas. O bien comienza a codificar una proteína, y esto tampoco tiene en general consecuencias. Y es así porque la mayor parte del ADN no tiene una función vital o ni tan siquiera tiene una función. Pero es posible que la lesión implique a la codificación o falta de codificación, de una proteína implicada en el control reproductivo de la célula. Puede entonces que la célula comience a replicarse sin control, desoyendo la señales que el organismo le envía para que no se reproduzca alocadamente sino de forma adecuada a la necesidad del organismo. Este puede ser el inicio de un camino carcinogénico. No basta con esa mutación, serán necesarios posteriores eventos (incluidas otras mutaciones) para que esa capacidad tenga un efecto observable. El organismo intentará por sus propios medios detener el crecimiento alocado de la célula mutada. La atacará... Le dificultará el alimento... La aislará... pero la célula mutada se replica rápidamente y no controla la calidad de su ADN, lo que facilita la aparición de nuevas mutaciones que la volverán más y más agresiva. El cáncer está al final de este tortuoso camino. La radiación, el tabaco, los oxidantes, todos los agentes carcinógenos, actúan en uno u otro momento de ese camino de dificultades, facilitando el tránsito de la célula mutada hasta la célula cancerígena.

Este segundo efecto puede tener lugar a partir de una única lesión en una única célula (aunque sea muy improbable en tal caso). No es posible por tanto definir un umbral, una cantidad de radiación por debajo de la cual el efecto es imposible de producir (bueno, bueno... ya hablaremos un poco más sobre esto en otro post). Cualquier cantidad de radiación podría provocarlo. Y cuando se produce, la gravedad es la misma, independientemente de la cantidad de radiación recibida. Por supuesto, la probabilidad de que ocurra aumenta con la dosis, pero no la gravedad del efecto.

Antes de terminar debemos mencionar que existe una situación en la que la mutación de una célula, sin producir un cáncer letal, puede tener consecuencias graves. Se trata de la mutación de una célula reproductiva. En este caso, la mutación puede afectar al individuo que se desarrolle a partir de esta célula (no debe confundirse con la irradiación del embrión ya formado, que es un caso particular de efecto sobre el individuo irradiado). Hablamos entonces de efectos hereditarios, es decir, efectos que se manifiestan, no en el individuo que sufre la irradiación, sino en su progenie. Esta posibilidad, muy sobrevalorada entre la opinión pública, tiene una incidencia mínima, por razones que el lector ya puede imaginar.

En el próximo post intentaremos aclarar como se cuantifica la radiación (mediante lo que conocemos como dosis de radiación) e intentaremos relacionar los efectos que hemos descrito aquí, su probabilidad o gravedad, con valores concretos de dosis.

sábado, 19 de marzo de 2011

¿Energía no_clear? (episodio 1)

Mi sensación, como pronuclear declarado, es que Fukushima ha sido una oportunidad perdida. Una oportunidad para demostrar que la industria nuclear y los científicos pro-nucleares están (estamos) realmente comprometidos con la seguridad y el bienestar, con el desarrollo y el progreso. No era el momento para el optimismo ingenuo ni el oscurantismo.

Aun reconociendo la delgadez de la línea que separa el alarmismo innecesario del pesimismo práctico, me siento más cercano a la posición de los expertos franceses que a la de los nipones: es siempre mejor ponerse en lo peor e ir mejorando, que dar la sensación permanente de que te obcecas en no aceptar el riesgo real.

Tal vez lleven razón los que piensan que es imposible rebatir cada opinión infundada, cada bulo, pero lo cierto es que en un estado de opinión, dejar que los movimientos antinucleares propaguen como ciertas lo que, en el mejor de los casos, son solo medias verdades, es renunciar a dar la batalla de la razón. Y si esta actitud es lamentable en cualquier caso, lo es más cuando los datos objetivos y el análisis racional están de nuestro lado.

Pero, ¿a que riesgo nos enfrentamos con el accidente que en estos momentos tiene lugar en Fukushima?

La intervención del profesor Eduardo Gallego en el programa 59 segundos, el pasado miércoles 16 de marzo, es un ejemplo de sensatez y conocimiento (minutos 37 a 70 del video).

El accidente de Chernobyl (cuyas consecuencias han tenido un exhaustivo seguimiento por el Comité Científico de las Naciones Unidas sobre los Efectos de la Radiación Atómica , o United Nations Scientific Committee on the Effects of Atomic Radiation, UNSCEAR,  que publica sus conclusiones sobre el accidente como parte del informe periódico de este organismo) significó la trágica muerte de 21 personas a causa de la exposición a la radiación, y lesiones graves que requirieron atención médica en otras 180 personas, entre las cuales siete desarrollaron algún tipo de cáncer (el informe debe actualizarse periódicamente por la latencia de estos efectos no deterministas y a largo plazo). Todas estas personas eran miembros de los equipos de emergencia que intervinieron en los primeros momentos. ¿Y entre la población general?. El principal efecto observable es una tasa de incidencia de cáncer de tiroides en niños (de 4 por millón a 100 por millón). ¿La razón?... la emisión contenía muchos isótopos distintos, algunos emisores alpha muy peligrosos si se inhalan o ingieren. Pero una cantidad muy importante de la emisión son isótopos de iodo radiactivo, entre los cuales el más peligroso es el iodo 131 por su mayor vida media (8 días, lo que significa que irradia durante más tiempo que otros isótopos del iodo, y deposita una mayor dosis en el organismo contaminado). Y ese iodo, cuando se ingiere o inhala, pasa al torrente sanguíneo, y a través de la sangre viaja hasta la glándula tiroides y allí se queda, porque el tiroides tiene una gran afinidad por ese elemento químico, lo almacena y no lo elimina. Pero ¿como llegó el iodo radiactivo al tiroides de esos niños?, pues a través, principalmente, de la ingesta de leche contaminada de vacas, que habían pastado hierba contaminada en los días inmediatamente posteriores al accidente. Si esa leche no se hubiera consumido durante algunos meses, y se hubiera apoyado esa medida con la ingesta de pastillas de iodo no radiactivo (lo que hubiera saturado el tiroides de los niños evitando que se fijara el iodo ingerido o inhalado), la incidencia de cáncer de tiroides se habría reducido notablemente. En la mayoría de casos estos cánceres de tiroides fueron tratados y curados.

¿Y otros efectos?... pues a pesar de que la contaminación afectó, en mayor o menor grado, a un número enorme de personas (115000 evacuados, 600000 ciudadanos en la región, 7 millones en los paises afectados), la incidencia de cáncer sólido no muestra un incremento medible (a excepción del de tiroides, ya comentado). Tampoco la leucemia.

A pesar de ello, los modelos de proyección (modelos teóricos construidos sobre los datos de seguimiento de los supervivientes de Hiroshima y Nagasaki) estiman un incremento de riesgo de cáncer sólido y leucemia que equivaldría a un valor final (es decir, a lo largo de toda la vida de las personas expuestas) de 4000 muertes prematuras entre las seiscientas mil personas más irradiadas, y otras 5000 entre los 7 millones de personas que forman el segundo grupo, menos expuesto. Insisto: a lo largo de toda su vida. Esto significa un incremento de riesgo acumulado a lo largo de la vida del orden del 5% para el primer grupo y del 0.5% entre el segundo grupo. Dicho con otras palabras, donde se esperarían 100 muertes por cáncer se observarán 105 y 101 respectivamente. Y este porcentaje se reduce si atendemos al número de años de vida perdidos.

Es interesante cuantificar, aunque sea groseramente, cuantos años de vida perdidos significan estas muertes prematuras, pero no es sencillo obtener este dato, pues depende de la distribución en edad y la expectativa de vida de la población antes de la exposición y de modelos de proyección en el tiempo que no son fáciles de interpretar. Si consideramos 75 años de supervivencia media, una pirámide poblacional estándar (edad media en el momento de la exposición de 40 años) y un acortamiento medio de 10 años por cada muerte provocada por la exposición, la pérdida de años de vida significaría un total de 50000 años de vida sobre los 27 millones de años de vida que sumaría la población expuesta, es decir, un 0.25% de años de vida perdidos (1 año en 400), para el grupo de población más expuesto, y 0.025% (1 año en 4000) para el menos expuesto. Son cuentas estimativas, no excesivamente precisas, pero dan una idea del nivel de riesgo del que hablamos.

No hablaré en esta entrada de las ventajas de las nucleares. Lo más urgente hoy es difundir, con la mayor transparencia posible, cual es el riesgo real de las radiaciones, excesivamente sobrevalorado en el imaginario de la población. Rebatir, con los datos disponibles, las exageraciones o las simples falsedades, o los desmadres de algunos políticos y periodistas, desinformados o, sencillamente, aprovechados.

En el debate nuclear los únicos interesados en la falta de transparencia y veracidad deberían ser los antinucleares, pues los datos no avalan sus argumentos. Solo la transparencia y el conocimiento riguroso podrá vencer, algún día, el miedo atávico a la energía nuclear.